La cultura de una empresa o una organización es uno de los elementos más importantes que debe gestionar el líder. La cultura tiene un impacto directo y medible en el rendimiento de la organización. ¿Pero qué entendemos por cultura en el mundo empresarial? A mí me gusta definirla como las normas no escritas de la empresa, como las formas habituales de hacer las cosas.

La cultura empieza en el propósito, es decir, por qué una organización existe, cuál es su fin último, cuál es su principal objetivo. Habitualmente los líderes y directivos suelen conocer cuál es el propósito de su organización mientras que la mayoría de los trabajadores lo desconocen. Esta diferencia causa un impacto negativo en el rendimiento de la empresa. Se ha demostrado que cuanto mayor es el conocimiento del propósito de la empresa en todos los niveles, mejores son los resultados que se consiguen. Por lo tanto, los líderes y directivos tienen dos grandes objetivos al respecto. El primero de ellos es entender bien y concretar con los propietarios de la empresa, con los fundadores y con los principales directivos, cuál es el propósito de la empresa (a parte de ganar dinero), cuál es su razón de ser. El segundo, también muy importante, es cómo trasladar este propósito a todos los niveles y empleados de la empresa y cómo generar una cultura empresarial que esté totalmente alienada con el propósito de la empresa.

Además, la cultura determina la marca de la empresa. Cómo los empleados y clientes perciben la empresa, es decir, qué huella, qué marca deja la empresa en los demás. Los trabajadores y los equipos que están alineados con la cultura organizacional obtienen de forma consistente mejores resultados en todos los indicadores de gestión que aquellas empresas donde no se produce esta alineación entre cultura organizacional y personas. La cultura tiene un impacto directo y medible en el rendimiento de la organización.

Como decía Peter Drucker – reconocido gurú del mundo del management – hace unos cuantos años, “la cultura se come la estrategia para desayunar”. Y no puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. De forma llana, Drucker explica que, por mucho que la organización trabaje y defina su estrategia, ésta no servirá de nada si la empresa no es capaz de cambiar la cultura y conseguir que esté alineada con su estrategia. Lamentablemente, en la mayoría de las organizaciones, cultura y estrategia no están en sintonía. Líderes y directivos tienen el gran reto de alinear cultura y estrategia y hacerla extensible a todos los niveles de la organización. Sin duda, es uno de los elementos más decisivos para conseguir grandes resultados empresariales.

Termino este post con otra frase que me encanta y resume perfectamente la importancia de la cultura en las organizaciones. Decía Lou Gestner – expresidente de IBM durante muchos años – “la cultura no es un aspecto más del juego, es el propio juego”.