Liderazgo femenino

By febrero 5, 2012 Liderazgo 3 Comments

LIDERAZGO FEMENINO

 

Sí, han leído bien el título del artículo: un hombre escribiendo sobre liderazgo femenino. Pese a mi condición sexual, siempre me ha interesado mucho el estudio del liderazgo desde un punto de vista de género. De hecho, hombres y mujeres somos bastante diferentes, tanto en aspectos físicos que todos conocemos, como en otros aspectos más desconocidos. Por ejemplo, el cerebro masculino es diferente del femenino. Y una de las diferencias más importantes está en las fibras que unen los hemisferios cerebrales (cuerpo calloso), ya que existen muchas más en el cerebro femenino en las zonas que controlan las emociones y la afectividad. Por lo tanto, podemos decir que existen factores genéticos, hormonales y del entorno que de partida nos otorgan, a hombres y mujeres, diferentes aptitudes.

Diferentes científicos han podido demostrar que el cerebro del hombre destaca más en memorización, resolución de problemas matemáticos, geometría, agresividad… mientras que el cerebro de la mujer destaca la fluidez verbal, en sensibilidad y sobretodo en la capacidad de entender las emociones ajenas, es decir, en su capacidad para empatizar. De esta forma, el cerebro femenino es mejor para empatizar mientras que el masculino lo es para analizar, explorar y sistematizar.

Históricamente se ha asociado el liderazgo con características más asociadas al hombre: logro de objetivos, jerarquía, organizaciones piramidales, capacidad de influencia… Cuando alguien pensaba en liderazgo solía pensar más en grandes líderes hombres que mujeres. Pero esta visión está cambiando radicalmente los últimos años. A medida en que la mujer se ha ido incorporando progresivamente al mundo laboral en general y a los cargos directivos en particular (donde todavía queda mucho camino por recorrer), el entorno directivo y de liderazgo ha ido cambiando. Inicialmente, la mayoría de mujeres que ostentaban cargos de alta responsabilidad, intentaban cambiar, comportarse de una forma más masculina (jerárquica, autoritaria…) para ser admitidas y reconocidas dentro de su entorno. La ex-premier británica Margaret Thatcher podría ser un buen ejemplo.

No obstante, la situación ha cambiado bastante. Los seguidores, las empresas y la sociedad de hoy en día, cada vez necesitan valores más soft como la empatía, las relaciones, la estima y rehúyen de valores más  hard  como la jerarquía, la imposición, el control… En este contexto, el liderazgo femenino es realmente esencial. De hecho, diferentes estudios (entre los que destacan los de Sally Helgsen y los de Alicia E. Kaufman) constatan que las mujeres tienen una forma diferente de ejercer el liderazgo. La  mujer suele ser más dialogante, se apoya más en el consenso, está más centrada en los vínculos afectivos, es mucho menos jerárquica, más abierta y sobretodo, mucho más centrada en la persona. Además, las mujeres suelen ser más flexibles, comunicativas y persuasivas. En definitiva, las mujeres suelen utilizar un estilo de liderazgo mucho más democrático, participativo, personal y empático.

Y creo precisamente, que en un entorno como el actual, estas características que podemos considerar como “femeninas” son más necesarias que nunca. De hecho, nunca he sido partidario de seleccionar directivos por su sexo, edad o raza y tampoco me ha gustado nunca establecer cuotas que garanticen el equilibrio entre hombres y mujeres. Debemos apostar por el talante y por el talento y estos 2 conceptos no entienden de sexo. Lo que sí tengo claro, no obstante, es que debemos apostar clara y decididamente por lo que podemos llamar como liderazgo femenino, y cuando digo liderazgo femenino no me refiero únicamente al liderazgo desarrollado por mujeres; me refiero al liderazgo realizado por personas (hombres y mujeres) con valores y estilos más asociados al sexo femenino como el trato humano, las emociones, la empatía y la sensibilidad.

 

Xavier Roca Torruella

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  • Xavi,

    interesante artículo, pero creo que hay un error importante en esta argumentación, y es atribuir al cerebro gran parte de la diferencia hombres-mujeres. No niego esta diferencia, es evidente que existe, y probablemente hay dos estilos de liderazgo, uno masculino y otro femenino (que no “de hombres y mujeres”, estos estilos no tienen por qué ser exclusivos de sexo: puede haber hombres con un estilo femenino de liderazgo, y viceversa).

    Mi problema principal con el razonamiento que haces en esta entrada es que existen muchas más diferencias cerebrales entre individuos del mismo sexo que entre sexos diferentes, y dudo que el tamaño del cuerpo calloso permita explicar las diferencias no sólo de liderazgo, sino también de comportamiento. Principalmente porque siempre he dudado de los argumentos basados en el tamaño (a nivel neurológico) para explicar diferencias funcionales. Hay cerebros mucho mayores que el humano con un rendimiento muy inferior. Pero ésta es una falacia muy habitual en el mundo científico (en gran parte como resultado de los escritos de Morton, Agassiz y Broca en el siglo pasado – ver libro “La falsa medida del hombre”, de Gould, una excelente revisión de este problema), que ha colado profundamente en la sociedad.

    Tampoco creo que haya diferencias genéticas que explicarían estos estilos de liderazgo, ya que no existen diferencias genéticas entre hombres y mujeres (todos los seres humanos, indistintamente del sexo, compartimos un mismo acervo genético). Repito que sí creo que haya dos estilos de liderazgo diferentes, y la apreciación e importancia de cada uno de ellos en una empresa u organización son importantes, tal y como destacas en este escrito. Pero no se hasta qué punto estos dos estilos están asociados al sexo de las personas, sino más bien al funcionamiento del cerebro emocional, determinado en gran parte por las variaciones genéticas presentes en cada persona (independientemente de su sexo) y por el ambiente (y las hormonas SI son para mí un factor ambiental). Podríamos decir que el sexo de la persona genera un ambiente en el que se desarrolla el cerebro emocional, determinando en gran medida su funcionamiento (junto con el efecto de otros factores ambientales). Por tanto, creo que el sexo de las personas es sólo un factor ambiental más, que afecta el desarrollo del cerebro (del cerebro emocional principalmente) y puede marcar diferencias entre sexos, aunque por supuesto no limitadas a ellos, ya que es simplemente un factor ambiental más.

    Saludos,

    David de Lorenzo

  • xaviroca.com dice:

    Hola David

    Gracias por tus comentarios y sugerencias. Estoy muy de acuerdo en todo lo que dices. Es un articulo dirigido al publico en general y por tanto no pretendia tener una base cientifica a neuroanatomica muy solida. Simplemente pretendia hacer pensar a la gente sobre los estilos de liderazgo y explicar mi punto de vista diciendo que creo que es mas util este tipo de liderazgo mas de emociones, consenso, personas… que no un liderazgo mas jerarquico. Simplemente me apoyo en el tema neuroanatomico como punto de partida y ver que somos diferentes.

    Por cierto, te paso el link a otro articulo que he escrito recientemente http://www.xaviroca.com/el-falso-mito-del-talento/#more-144 y se llama el falso mito del talento. Supongo tampoco estaras muy de acuerdo, pero en cualquier caso creo que buena parte de las reflexiones que alli aparecen son ciertas y que simplemente pretendo motivar a la gente a que con trabajo se pueden conseguir muchas cosas.

    Gracias de nuevo por tus aportaciones, son muy enriquecedoras

    Saludos

    XR

  • Hola Xavi,

    gracias por tu respuesta a mi comentario, entiendo perfectamente lo que me dices. Es cierto que los artículos en un blog divulgativo como el tuyo (excelente blog, por cierto) han de provocar una reflexión, más que profundizar en el tema que se trata, y de ahí que en ocasiones las argumentaciones sean excesivamente simplistas, dando lugar a muchas posibles puntualizaciones. No pretendía ser excesivamente quisquilloso con mi comentario, mi objetivo no es mostrar la verdad de las cosas, sino como tú, aportar un punto de vista diferente para la reflexión. El tema que nos ocupa, el determinismo biológico, y del que me dices tienes otra entrada (de la cual estoy de acuerdo en parte también), es ciertamente un tema candente en muchas áreas del conocimiento. No pienses que yo soy un determinista genético absoluto. No. Pero tampoco creo en la idea de que “todo el mundo es igual o tiene las mismas posibilidades de triunfar, de ser un buen músico, de ser un buen deportista, etc”. Está claro que no es así tampoco. La clave para entender el comportamiento humano, el estilo de liderazgo, la experiencia, el talento, etc se basa en un modelo probabilístico. A mí me gusta utilizar la metáfora de las cartas: nuestro bagaje genético al nacer es como la mano de cartas que se nos da al empezar un juego, p ej de poker. Pueden ser muy buenas, y tendremos más probabilidad de ganar que con unas malas cartas. Pero si no sabemos jugar o lo hacemos muy mal, perderemos igualmente. En cambio, si tenemos unas malas cartas, todavía podremos ganar. Nos costará mucho más, y necesitaremos hacerlo mucho mejor que con unas buenas cartas, pero todavía hay una probabilidad de ganar. Y por supuesto aquí intervendrá también el resto de jugadores (si son malos o buenos), que equivaldría al ambiente en el que nos desarrollamos y del que hablaba en mi anterior comentario.

    Bien, no quiero aburrirte ni a ti ni a tus lectores con más disertaciones filosóficas sobre el eterno problema del “Nature or Nurture”. Simplemente felicitarte de nuevo por tu blog y por la innovación en el campo del liderazgo y el marketing. Por cierto, si alguna vez estás interesado en temas de Neuromarketing, no dejes de ponerte en contacto conmigo!

    Saludos!

    David

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