Este próximo domingo, 21 de julio de 2019, van a celebrarse 50 años desde que el hombre pisó por primera vez la luna. Fue el astronauta norteamericano Neil Amstrong quien tuvo el honor y el privilegio de protagonizar uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX (o incluso de toda la historia). Además, en los últimos meses se ha estrenado la película First Man (El primer hombre), protagonizada por Ryan Gosling en el papel de Amstrong. La película narra el período entre 1961 y 1969 en los que la NASA desarrolla el programa Apolo con el objetivo de ganar la carrera espacial a la Unión Soviética consiguiendo que un estadounidense sea la primera persona en pisar la luna.

La película me ha hecho reflexionar sobre la enorme importancia que supone ser el primero en algún ámbito determinado. De hecho, la mayoría de las personas sólo conoce al primero en realizar una determinada actividad. Te reto a que me digas, quién fue la segunda persona en pisar la luna. Fue el astronauta Edwin Aldrin, instantes después de Amstrong. El caso es que casi todo el mundo recuerda a Amstrong y casi nadie conoce a Aldrin.

Podría poner muchísimos ejemplos del enorme reconocimiento que lleva ser el primero en algo y el poquísimo reconocimiento en ser el segundo. ¿Quién fue el primero en cruzar en avioneta el Océano Atlántico? Charles Lindberg. El segundo fue Bert Hinkler. ¿Quién fue el primero en subir al Everest? Seguramente sabrás que fue Sir Edmund Hillary.

Como muy bien explican Al Ries y Jack Trout en su maravilloso libro “Las 22 leyes inmutables del marketing”, es mejor ser el primero incluso que ser el mejor. Es lo que los autores Ries y Trout presentan en su primera “ley”, la que llaman como “ley del liderazgo”. Generalmente, en una determinada categoría la primera marca en llegar suele ser también la primera marca en la mente del consumidor. Explican como después de la 2ª Guerra Mundial, Heineken fue la primera cerveza de importación en llegar a Estados Unidos. Décadas después, Heineken continúa liderando el mercado en cuanto a cerveza de importación se refiere.

Y esta importante ley aplicada al marketing y a las marcas corporativas en general, aplica perfectamente también a las marcas personales.

¿Quién fue el primer presidente de Estados Unidos? George Washington. ¿Y el segundo?

¿Quién fue el primer presidente de la democracia en España? Adolfo Suárez. ¿Y el segundo?

Así que ten muy presente esta ley del marketing en la gestión de tu marca personal. Y no me refiero a hitos históricos como pisar la luna o subir al Everest. Me refiero a que en tu ámbito profesional seas el primero en algo. Acota geográficamente tu mercado, delimita bien tu público objetivo, especialízate en un tipo de producto o servicio en concreto… Pero debes intentar ser el primero en realizar algo. Las personas suelen percibir al primero de una industria como el mejor de aquella industria. Como decía Julio César, “prefiero ser el primero en una aldea que el segundo en Roma”.

Recuerda que el marketing es una batalla de percepciones. Si te perciben como el primero en un ámbito determinado, seguramente te percibirán como el mejor en ese ámbito. Y ser percibido como el mejor suele comportar grandísimas ventajas tanto para las marcas personales como corporativas.

Sé que no resulta fácil ser el primero en un área concreta. Pero te reto a que lo pienses y analices a fondo. Seguramente podrás encontrar un ámbito en el que podrás ser el primero… y éste hecho, si lo sabes aprovechar adecuadamente, te ofrecerá grandes ventajas.

Porque como solía decir Ayrton Senna, el fallecido piloto brasileño campeón de Fórmula 1, “ser segundo es ser el primero de los perdedores”.